Gracias a Turco, los bomberos de Valladolid rescataron a Redjeson Hausteen Claude, de dos años. El pequeño haitiano llevaba dos días bajo los escombros. En unos meses, Turco pasó de ser un vagabundo a convertirse en el orgullo de un cuerpo de bomberos, tras salvar 18 vidas.
Turco, es un perro joven de raza labrador, es andaluz, abandonado, con una gran herida en el cuello para sacarle el microchip. Andaba muy flaco, con toda clase de parásitos, lastimado en el hocico, estaba tan traumatizado que se había olvidado de ladrar. Un día un grupo de soldados lo encontraron y lo llevaron al cuartel, estuvo un año sin poder volver a ladrar. Cristina era una soldado que estaba sola en esa ciudad y quería tener un perro de compañía, se lo ofrecieron y se enamoró de el enseguida. Cristina enseguida fue a la casa del veterinario y se lo llevó para su casa, lo llenó de cariño, de amor, pero seguía sin poder ladrar. Turco se recuperó de sus heridas gracias a los mimos de Cristina. Y recobró la alegría, pues la nobleza nunca la perdió. Pero el destino le tenía reservada una nueva sorpresa. El perro rescatado de la muerte por unos soldados de buen corazón iba a tener ocasión de demostrar su generosidad y devolver el favor. Con creces.
Un bombero perteneciente al grupo de rescate lo vio andar y vio que tenía madera de héroe. Ellos ya tenían un perro rescatista pero siempre andan buscando nuevos valores. Le pidieron permiso a Cristina para realizarle una prueba, ella les puso tres condiciones. Que si no superaba las pruebas se lo devolvieran. Que no le cambiaran el nombre y que cada vez que viajara a esa ciudad pudiera verlo.
A los 15 días la llamaron para avisarle que Turco ya ladraba, que había comenzado los entrenamientos de rescate, en los edificios con muy buen éxito. Le enseñaron los distintos olores y como llegar a las víctimas. Con la catástrofe de Haití, Turco tuvo su prueba de fuego. SALVÓ 18 VIDAS.